Rosales vs Chávez debate por Television
Rosales, el hombre que habla corto y conciso está retando a Chávez a un debate, cara a cara, naturalmente por televisión y que “el tipo” imponga las condiciones, a pesar que ese medio le ha permitido mentir y manipular tantas conciencias durante un monólogo en directo y vía satélite que ha durado 8 años.
El candidato a la reelección aunque le lleva una morena al aspirante, en eso de manejar la escena, de tener una voz estridente que le sale por los codos gracias a una extraña facultad de hablar hasta con las partes más insólitas de su cuerpo, que es capaz de aniquilar con ferocidad verbal a cualquier adversario ha rechazado esa propuesta a la que dice dar por ganada.
¿Quién entiende?. Sin embargo, en la recta final, cuando se opere una estampida hacia arriba de su contendor, la desesperación y el nerviosismo lo aconsejarán a aceptar el debate electoral y centrarlo en los temas donde se sienta cómodo: defenderá sus supuestos logros sociales y la soberanía de la nación amenazada por una invasión imperialista que se ha fraguado en su mente.
También intentará descalificar al contrincante con sus golpes bajos, pero puede que los ganchos del peso pesado se queden en el aire y se pierdan, que su rival, gracias a las posibilidades que le brinda precisamente su “estatura”, le tenga preparados varios golpes y se los propine contundentemente. Rosales debe subir al cuadrilátero dispuesto a dejarlo tendido en la lona hasta la cuenta de nueve, eso, si es que le da duro directo a la mandíbula con el tema de la corrupción.
Los escándalos que afectan a su entorno familiar, a sus colaboradores más íntimos, el despilfarro, la ineficiencia y, los negocios con Cuba, conforman su mandíbula de cristal. Chávez tiene demasiada abundancia perimetral por donde Rosales le pueda meter sus puños. Si Chávez deja pasar el tiempo, tendrá el combate cada vez más difícil y con un entrenador como Fidel Castro, que pasa su peor momento, es muy probable que le espere un K.O. técnico. De no aceptar, quedara otra vez, como la gallina que presentó el franciscano embajador ante la ONU, en aquella inolvidable parodia electoral del año 2000.

